compra de sus manufacturas, y determinadas industrias han crecido y prosperado gracias a esta ampliación de su mercado. La dirección concreta en la que se han empleado grandes cantidades de capital y trabajo ha venido determinada por estos mercados externos. Pero no tenemos derecho a concluir que, de no haber crecido este comercio de exportación, dicho capital y trabajo se habrían quedado sin empleo productivo, aunque una parte de ellos se habría empleado de otra manera.
La suposición de que la demanda nacional es una cantidad fija, y que cualquier mercancía producida en exceso de esta cantidad debe encontrar un mercado extranjero o quedarse sin vender, es totalmente infundada.
Por el contrario, no existe un límite necesario para la cantidad de capital y trabajo que puede emplearse en la producción de bienes para el mercado interno, si la capacidad productiva se distribuye en industrias que satisfacen las crecientes demandas del consumidor.
Cualquier cantidad de riqueza que se produzca en este país puede ser comprada y consumida en este país, porque con todo lo que se produce se crea un poder correspondiente para comprar y consumir.
La presión por encontrar mercados externos, aunque bastante urgente en muchos oficios, no se basa en ninguna necesidad económica natural.
No existe un límite natural para la cantidad de riqueza que puede producirse, intercambiarse y consumirse dentro de Gran Bretaña, salvo los límites impuestos por los recursos naturales restringidos y el estado actual de las artes industriales. [12]
Sin disputar, por tanto, la gran utilidad que el comercio exterior tiene para nosotros, insisto en que los ingresos monetarios considerados como derivados del comercio exterior deben limitarse a la suma de los precios