imposible para cualquiera que haya seguido atentamente los acontecimientos recientes hablar de que Europa emprende «una misión de civilización» en China sin que se le caiga la cara de vergüenza. [18] El imperialismo en el Lejano Oriente está prácticamente despojado de todos los motivos y métodos, salvo aquellos de origen estrictamente comercial. Los planes de adquisición territorial y control político directo que Rusia, Alemania y Francia han desarrollado, la «esfera de influencia» que ha oscilado con «una puerta abierta» en nuestra política menos coherente, están todos manifiestamente motivados por el comercio y las finanzas.
China parece ofrecer una oportunidad única al hombre de negocios occidental. Una población de unos cuatrocientos millones dotada de una extraordinaria capacidad de trabajo constante, con gran inteligencia e ingenio, habituada a un bajo nivel de bienestar material, que ocupa un país rico en minerales sin explotar y carente de maquinaria moderna de fabricación o de transporte, abre una perspectiva deslumbrante de explotación lucrativa.