Otra forma de plantear la misma pregunta es esta: «¿Por qué la presión de las necesidades actuales no ha de marchar al mismo paso que cualquier posibilidad de satisfacerlas?». La respuesta a estas pertinentes cuestiones nos conduce al problema más amplio de la distribución de la riqueza. * Si operara una tendencia a distribuir los ingresos o el poder de consumo según las necesidades, es evidente que el consumo aumentaría con cada incremento del poder de producción, pues las necesidades humanas son ilimitadas y no podría haber un exceso de ahorro. * Pero sucede muy al contrario en un estado de sociedad económica donde la distribución no guarda una relación fija con las necesidades, sino que está determinada por otras condiciones que asignan a algunas personas un poder de consumo enormemente superior a sus necesidades o usos posibles, mientras que otras carecen del poder de consumo suficiente para satisfacer siquiera las demandas plenas de la
La siguiente ilustración puede servir para aclarar la cuestión.
«El volumen de producción ha ido aumentando constantemente debido al desarrollo de la maquinaria moderna. Hay dos canales principales para dar salida a estos productos: un canal que da salida al producto destinado a ser consumido por los trabajadores, y el otro canal que da salida al resto para los ricos.
El canal de los trabajadores se encuentra entre orillas rocosas que no pueden ensancharse, debido a que el sistema de salarios competitivos impide que los salarios aumenten pro rata con el incremento de la eficiencia. Los salarios se basan en el costo de vida, y no en la eficiencia del trabajo.
El minero de la mina pobre recibe el mismo jornal diario que el minero de la mina rica contigua. El propietario de la mina rica obtiene la ventaja, no su jornalero.