El imperialismo es el fruto de esta falsa economía; la «reforma social» es su remedio. El propósito primordial de la «reforma social», empleando el término en su acepción económica, es elevar el nivel saludable del consumo privado y público de una nación, a fin de permitir que la nación esté a la altura de su más alto nivel de producción. Incluso aquellos reformadores sociales que apuntan directamente a abolir o reducir alguna mala forma de consumo, como en el movimiento por la Templanza, por lo general reconocen la necesidad de sustituirla por alguna mejor forma de consumo actual que sea más educativa y estimulante de otros gustos, y que ayude a elevar el nivel general de consumo.
No hay necesidad de abrir nuevos mercados extranjeros; los mercados nacionales son capaces de una expansión indefinida. Todo lo que se produce en Inglaterra puede consumirse en Inglaterra, siempre que el «ingreso», o el poder de demanda de mercancías, esté debidamente distribuido. Esto solo parece