superintendencia blanca, ¿por qué no organizar el militarismo sobre la misma base? Hombres negros, marrones o amarillos para quienes la disciplina militar será «una educación saludable», luchando por el Imperio británico bajo las órdenes de oficiales británicos. Así es como mejor podemos economizar nuestro propio y limitado material militar, reservando la mayor parte para la defensa nacional.
Esta solución sencilla —el empleo de ejércitos mercenarios extranjeros y baratos— no es ningún artificio nuevo.
La organización de vastas fuerzas nativas, armadas con armas «civilizadas», instruidas en métodos «civilizados» y comandadas por oficiales «civilizados», constituyó uno de los rasgos más conspicuos de las últimas etapas de los grandes Imperios de Oriente y, más tarde, del Imperio romano.
Ha demostrado ser uno de los artificios más peligrosos del parasitismo, mediante el cual una población metropolitana confía la defensa de sus vidas y posesiones a la fidelidad precaria de «razas conquistadas», comandadas por procónsules ambiciosos.
Uno de los síntomas más extraños de la ceguera del imperialismo es la imprudente indiferencia con la que Gran Bretaña, Francia y otras naciones imperialistas se embarcan en esta peligrosa dependencia. Gran Bretaña es la que ha llegado más lejos. La mayor parte de los combates mediante los cuales hemos ganado nuestro imperio indio ha sido librada por nativos; en la India, al igual que más recientemente en Egipto, se ponen grandes ejércitos permanentes bajo las órdenes de comandantes británicos; casi todos los combates asociados a nuestros dominios africanos, excepto en la parte meridional, los han hecho los nativos por nosotros. Cuán fuerte es la presión para reducir la proporción de soldados británicos empleados en estos países hasta un mínimo estricto de