El vínculo económico es mucho más fuerte y fiable como base de un internacionalismo creciente que el llamado vínculo racial o una alianza política construida sobre algún cálculo miope de una balanza de poder. Es, por supuesto, muy posible que una alianza paneslava, pangermánica, panbritánica o panlatina, si la federación se mantuviera lo suficientemente voluntaria y elástica, contribuyera al curso más amplio del internacionalismo. Pero el propósito francamente militar que comúnmente se atribuye a tales alianzas augura un mal servicio a dicha contribución. Es mucho más probable que tales alianzas se formen en interés de las clases «imperialistas» de las naciones contratantes, con el fin de explotar más eficazmente los recursos nacionales conjuntos.
Hemos apuntado la posibilidad de una alianza aún mayor de los Estados occidentales, una federación europea de grandes potencias que, lejos de promover la causa de la civilización mundial, podría introducir el peligro gigantesco de un parasitismo occidental: un grupo de naciones industriales avanzadas cuyas clases altas extrajeran un vasto tributo de Asia y África, con el cual mantendrían a grandes masas domesticadas de sirvientes, ya no dedicados a las industrias básicas de la agricultura y la manufactura, sino ocupados en la realización de servicios personales o industriales menores bajo el control de una nueva aristocracia financiera. > Que aquellos que desdeñen semejante teoría por considerarla indigna de consideración examinen la condición económica y social de los distritos del sur de Inglaterra hoy en día, los cuales ya se encuentran reducidos a esta situación, y reflexionen sobre la vasta extensión de un sistema tal que podría hacerse factible mediante la subyeción de China al control económico de grupos similares de financistas, inversores y funcionarios