naciones extranjeras, al tiempo que implicaría una revolución de su método fiscal. No; el libre cambio dentro del Imperio solo es concebible sobre la base de que la Gran Bretaña acceda a abandonar el libre cambio con países de fuera del Imperio. Aun si la Gran Bretaña estuviera preparada para adoptar tal rumbo, seguiría siendo muy poco probable que las colonias hicieran el sacrificio de los ingresos aduaneros que entraña admitir sin trabas los productos de todo el Imperio; pues este proceder acarrearía un sacrificio mucho mayor de lo que a primera vista parece, dado que tal discriminación permitiría virtualmente que los productos admitidos libremente desplazasen a los productos gravados, reduciendo a dimensiones bastante insignificantes los ingresos aún obtenidos de las aduanas.
Empeñados como estamos ahora en encontrar alicientes especiales para atraer a las colonias hacia una unión política más estrecha con la Gran Bretaña, no necesitamos debatir la probabilidad de una extensión de