arte, su ciencia, su recreación, una mayor comunidad de experiencia de la que existía hace un siglo entre los miembros más distantes de cualquier nación europea individual, ya vivieran en el campo o en la ciudad. La intercomunicación directa de personas, mercancías e información está tan ampliamente extendida y avanza tan rápidamente que este crecimiento de «la experiencia común necesaria para fundar una vida común» más allá del área de la nacionalidad es sin duda el rasgo más digno de mención de la época.
Haciendo, pues, todas las debidas concesiones a los factores subjetivos del carácter nacional que templan o transmuta los mismos fenómenos externos, existe sin duda, al menos entre los sectores más conscientes y más educados de las principales naciones europeas, un grado de verdadera «identidad de criterio» que constituye la base psíquica de cierto internacionalismo rudimentario en el ámbito de la política.
En verdad es curioso e instructivo observar que, mientras algunos de los más insistentes en la «identidad de criterios» y la «experiencia común» como pruebas de un verdadero ámbito social las aplican en defensa de las nacionalidades existentes y en repudio de los intentos de absorber nacionalidades ajenas, otros, como el profesor Giddings, las aplican en favor de la expansión y el imperialismo.
Seguramente existe una tercera alternativa a la política de independencia nacional, por un lado, y al derecho de conquista mediante el cual la nación más eficiente absorbe a la menos eficiente, por el otro: la alternativa de la federación experimental y progresista que, avanzando sobre la línea de la experiencia común más vasta, teja vínculos formales de adhesión política entre las naciones de mentalidad más afín, extendiéndolos a las demás a medida que la experiencia común se amplíe, hasta establecer una federación política eficaz que comprenda a todo «el mundo civilizado», es decir, a todas aquellas naciones que hayan alcanzado un caudal considerable de esa «experiencia común» comprendida bajo el rubro de civilización.