principalmente por esta consideración; pero se sostiene que nuestro gobierno de la India ha conferido de hecho al pueblo los beneficios derivados de nuestra civilización, y que la concesión de estos beneficios ha desempeñado en los últimos años un papel cada vez mayor en nuestra política consciente. El experimento ha sido largo y variado, y nuestro éxito en la India se aduce comúnmente como el argumento más convincente en favor de los beneficios que el imperialismo proporciona a las razas sometidas.
Las verdaderas preguntas que debemos responder son estas: «¿Estamos civilizando a la India?» y «¿En qué consiste esa civilización?». Para ayudar a responderlas existe un conjunto bastante amplio de hechos indiscutibles. * Hemos establecido una paz interna más amplia y permanente de lo que la India había conocido jamás desde los días de Alejandro Magno. * Hemos elevado el nivel de la justicia mediante una administración justa e imparcial de las leyes; hemos regulado y probablemente reducido la carga tributaria, frenando la corrupción y la tiranía de los príncipes nativos y de sus recaudadores de impuestos. * Para la instrucción del pueblo hemos introducido un sistema público de escuelas y colegios, así como una gran institución misionera cuasipública, que enseña no solo la religión cristiana, sino también muchas artes industriales. * Carreteras, ferrocarriles y una red de canales han facilitado la comunicación y el transporte, y un amplio sistema de riego científico ha mejorado la productividad de la tierra; la extracción de carbón, oro y otros minerales se ha desarrollado enormemente; en Bombay y en otros lugares se han instalado hilanderías de algodón con maquinaria moderna, y