John A. Hobson
I
La política imperial de Gran Bretaña desde 1870, y más particularmente desde 1885, se ha absorbido casi por completo en promover la subyugación y anexión de extensiones de territorio donde no se contempla ningún asentamiento blanco genuino de importancia.
Esta política, como hemos visto, difiere esencialmente de la colonización; y desde el punto de vista del gobierno, implica una disminución progresiva de la libertad en el Imperio británico al aumentar constantemente la proporción de sus súbditos que carecen de un poder real de autogobierno.
Es importante considerar cómo este nuevo imperialismo reacciona, y es probable que reaccione en el futuro, sobre las relaciones entre la Gran Bretaña y sus colonias con autogobierno.
¿Estimulará a estas colonias a una afirmación de creciente independencia y final separación formal de la madre patria, o las llevará a formar una unión política más estrecha con ella sobre la base, ya no de un Imperio, sino de una Federación de Estados iguales?
Esta es una cuestión vital, pues es muy seguro que las relaciones actuales no se mantendrán.
Hasta ahora la tendencia ha sido hacia un aumento constante y firme del autogobierno, y una relajación creciente del Imperio en forma de control ejercido por el Gobierno metropolitano.