de los países tropicales. Las industrias y el comercio que proporcionan estos productos son de importancia vital para el mantenimiento y el progreso de la civilización occidental. La gran proporción que representan en nuestro comercio de importación productos tan típicamente tropicales como el azúcar, el té, el café, el caucho, el arroz y el tabaco indica la dependencia que países como Gran Bretaña tienen respecto a los trópicos. En parte debido al mero crecimiento de la población en las zonas templadas, y en parte al aumento del nivel de vida material, esta dependencia de los países templados respecto a los tropicales ha de ir en aumento. Para satisfacer estas crecientes necesidades, habrá que cultivar extensiones cada vez mayores de los países tropicales, dicho cultivo deberá ser mejor y más regular, y se tendrán que mantener relaciones comerciales pacíficas y eficaces con estos países.
Ahora bien, la facilidad con que se puede mantener la vida humana en los trópicos engendra indolencia y torpeza de carácter. Los habitantes de estos países no son «pueblos progresistas»; ni desarrollan las artes de la industria a un ritmo satisfactorio, ni evolucionan nuevas necesidades o deseos cuya satisfacción pudiera obligarles a trabajar. No podemos, por tanto, confiar en los motivos económicos y métodos ordinarios del libre intercambio para abastecer la creciente demanda de productos tropicales. Los recursos de los trópicos no serán desarrollados voluntariamente por los propios nativos.
“Si dirigimos la mirada hacia los sistemas sociales nativos del Oriente tropical, el salvajismo primitivo del África Central, las Indias Occidentales en el pasado en proceso de ser asistidas para alcanzar la posición de Estados modernos por la Gran Bretaña, o la república negra de Haití en el presente, o la Liberia moderna en el futuro, la lección parece ser en todas partes la misma: es que no habrá desarrollo de los recursos de los trópicos bajo un gobierno nativo”. [71]