En cuanto al motor más potente de la prensa, el periódico, en la medida en que no es directamente propiedad de financieros y está operado por ellos con fines financieros (como ocurre en gran medida en todos los grandes centros industriales y financieros), se halla siempre influido y por lo general dominado por los intereses de las clases que controlan la publicidad de la que depende su subsistencia; la independencia de un periódico con una tirada lo suficientemente grande y firme como para «imponer» y retener la publicidad a pesar de una política que desagrade a las clases anunciantes es cada vez más rara y más precaria cada año, a medida que el conjunto de intereses que forman el núcleo comercial del imperialismo se vuelve más consolidado y más consciente en su política.
La maquinaria política es un mercenario, porque es una máquina, y necesita constante reparación y lubricación por parte de los miembros adinerados del partido; el maquinista sabe de quién recibe su pago, y no puede marchar en contra de la voluntad de aquellos que son de hecho los mecenas del partido, cuyo cierre de los cordones de la bolsa detendrá automáticamente la máquina.
El reciente imperialismo, tanto de Gran Bretaña como de América, ha recibido una ayuda material de las generosas contribuciones de hombres como Rockefeller, Hanna, Rhodes, Beit a los fondos del partido para la elección de representantes «imperialistas» y para la instrucción política del pueblo.
Lo más grave de todo es el persistente intento de apoderarse del sistema escolar en beneficio del imperialismo disfrazado de patriotismo. Apoderarse de la infancia del país, mecanizar su libre juego convirtiéndolo en la rutina del entrenamiento militar, cultivar las supervivencias salvajes de la combatividad, envenenar su temprana comprensión de la historia mediante falsos ideales y seudohéroes y mediante el consiguiente menosprecio y olvido de las lecciones