ante las violaciones de las libertades del súbdito y ante la abrogación de los derechos y usos constitucionales, no han tenido suficientemente en cuenta el constante reflujo de este veneno de autocracia irresponsable procedente de nuestro Imperio «carente de libertad, intolerante y agresivo».
Los efectos políticos, reales y necesarios, del nuevo Imperialismo, tal como se ilustran en el caso de la mayor de las potencias imperialistas, pueden resumirse de la siguiente manera:
- Constituye una amenaza constante para la paz, al ofrecer continuas tentaciones de cometer nuevas agresiones contra tierras ocupadas por razas inferiores, y al enemistar a nuestra nación con otras naciones de ambiciones imperialistas rivales; al grave peligro de la guerra añade el peligro crónico y la degradación del militarismo, que no solo malgasta los recursos físicos y morales actuales de las naciones, sino que frena el curso mismo de la civilización.
- Consume en una medida ilimitada e incalculable los recursos financieros de una nación mediante los preparativos militares, impidiendo que los ingresos corrientes del Estado se gasten en fines públicos productivos y gravando a la posteridad con pesadas cargas de deuda.
- Al absorber el dinero público, el tiempo, el interés y la energía en una labor costosa e infructuosa de engrandecimiento territorial, malgasta aquellas energías de la vida pública en las clases gobernantes y en las naciones que se necesitan para las reformas internas y para el cultivo de las artes del progreso material e intelectual en el país.
- Por último, el espíritu, la política y los métodos del Imperialismo son hostiles a las instituciones de autogobierno popular, al favorecer formas de tiranía política y autoridad social que son enemigas mortales de la libertad y la igualdad efectivas.