Un error tan monstruoso solo se hace inteligible si se remite a otro curioso factor psíquico. En ninguna parte está tan arraigada como en Inglaterra la desconfianza hacia eso que se denomina «lógica» como guía para la conducta pública: una línea de conducta que sobresalga por ser marcadamente «lógica» resulta de por sí sospechosa. La práctica del gobierno de «partidos» ha convertido tan habitualmente los «compromisos» en una necesidad que hemos llegado a creer que nuestro progreso nacional se debe a dicha necesidad, y que si la aplicación más nítida y rápida de las «ideas» hubiese sido factible, nos habríamos visto conducidos, al seguirlas, por sendas falsas que habrían implicado un gran esfuerzo para desandar lo andado, o nos habríamos precipitado al borde de algún peligro revolucionario. Aunque un sano «compromiso» no carece en modo alguno de lógica, sino que es simplemente lógica aplicada dentro de ciertos límites de tiempo y entorno, degenera con facilidad en el oportunismo de una política ociosa de utilidad
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El imperialismo, un estudio
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