surgimiento del nacionalismo militante y que está siendo redescubierto lentamente en nuestra propia época.
Pero fuera de estas conquistas del genio personal, las amplias corrientes de influencia y realización nacionales que podrían haber fertilizado las vastas llanuras del mundo intelectual han quedado confinados dentro de sus estrechos cauces nacionales.
El nacionalismo, como fuerza restrictiva y exclusiva, que fomenta enemistades políticas e industriales y mantiene la competencia de nacionalidades y razas en el bajo nivel de la lucha militar, ha frenado en todas partes el libre intercambio requerido para los tipos superiores de competencia: la lucha de lenguas, literaturas, teorías científicas, instituciones religiosas, políticas y sociales, y todas las artes y oficios que son las expresiones más altas y más importantes de la vida nacional al igual que de la individual.
# VII
Este pensamiento desentierra la falacia fundamental de la sociología biológica rudimentaria: la suposición de que existe un único tipo de eficiencia nacional y de que esta se pone a prueba mediante una competencia de poder militar o comercial. El único significado que se le puede atribuir a la «eficiencia social» de una nación la identifica con el poder que esta despliega para adaptarse a su entorno físico y para alterar dicho entorno con el fin de facilitar tal adaptación; los logros en materia de religión, derecho, política, vida intelectual, industria, etc., son las expresiones de esta eficiencia social. Teniendo esto presente, resulta evidente que, para fines concretos de comparación, existen muchos tipos de eficiencia social, y que la noción de que la civilización es un camino único y trillado por el cual toda