con gran facilidad a las sugerencias de los imperialistas financieros o políticos que desean avivar el patriotismo en pro de alguna nueva empresa expansionista.
Tal es el conjunto de fuerzas distintivamente económicas que propician el Imperialismo, un grupo amplio y disperso de oficios y profesiones que buscan negocios lucrativos y empleo remunerativo en la expansión de los servicios civiles y militares, en el gasto en operaciones militares, en la apertura de nuevas extensiones de territorio y el comercio con las mismas, y en la provisión del nuevo capital que estas operaciones requieren, hallando todas ellas su fuerza central de guía y dirección en el poder del financista general.
El juego de estas fuerzas no aparece abiertamente. Son esencialmente parásitos del patriotismo y se adaptan a sus colores protectores.
En boca de sus representantes hay frases nobles, que expresan su deseo de extender el área de la civilización, establecer un buen gobierno, promover el cristianismo, extirpar la esclavitud y elevar a las razas inferiores.
Algunos de los hombres de negocios que emplean tal lenguaje pueden abrigar un deseo genuino, aunque por lo general vago, de lograr estos fines, pero se dedican principalmente a los negocios y no desconocen la utilidad de las fuerzas más desinteresadas para promover sus propósitos.
Su verdadera actitud mental la expresa el señor Rhodes en su famosa descripción de «la bandera de su majestad» como «el mayor activo comercial del mundo». [20]