apretadas detrás del Káiser, orgullosos de su gran patria y conscientes de su verdadero valor, los alemanes deben observar el desarrollo de los Estados extranjeros. Deben hacer sacrificios por su posición como potencia mundial y, abandonando el espíritu de partido, deben mantenerse unidos detrás de su príncipe y
El gobierno autocrático en la política imperial repercute naturalmente en el gobierno nacional. La complejidad del trabajo departamental del Ministerio del Interior (Home Office), de la Junta de Comercio (Board of Trade), de Educación y de otras oficinas importantes ha favorecido esta reacción, la cual ha tomado forma en el gobierno por órdenes administrativas de acuerdo con amplios poderes deslizados en estatutos importantes y que no han sido debidamente impugnados ni salvaguardados en medio de la prisa caótica en la que la mayoría de los gobiernos se ven impulsados a legislar.
Es digno de mención que en América ha surgido una práctica aún más peligrosa, denominada «gobierno por mandato judicial» (government by injunction), en el que se faculta virtualmente al poder judicial para emitir decretos con fuerza de ley y con las penas correspondientes para actos específicos.
En Gran Bretaña, el debilitamiento del «partido» va visiblemente acompañado de una disminución de la realidad del control popular.
Precisamente en la medida en que la política exterior y colonial cobra mayor importancia en la labor deliberativa y administrativa del Estado, el gobierno se aleja necesariamente del control real del pueblo.
No es una mera cuestión de economía del tiempo y la energía del Parlamento, aunque la proporción decreciente de las sesiones dedicadas a la consideración de los asuntos domésticos representa un declive correspondiente de la democracia práctica. La herida al gobierno popular penetra mucho más hondo.