Y, en segundo lugar, habéis adquirido una masa tan enorme de territorio que pasarán años antes de que podáis colonizarlo o controlarlo, o hacerlo capaz de defensa o susceptible a los actos de vuestra administración...
En doce años habéis añadido al Imperio, ya sea en forma de anexión real, de dominio, o de lo que se llama una esfera de influencia, 2.600.000 millas cuadradas de territorio... a las 120.000 millas cuadradas del Reino Unido, que forma parte de vuestro Imperio, le habéis añadido durante los últimos doce años veintidós superficies tan grandes como el propio Reino Unido.
Digo que eso marca para muchos años una política de la que no podréis apartaros aunque quisierais. Podéis veros obligados a desenvainar la espada –espero que no sea así–; pero la política exterior de la Gran Bretaña, hasta que su territorio esté consolidado, poblado, colonizado y civilizado, debe ser inevitablemente una política de paz. [36]
Desde que se pronunciaron estas palabras, se han añadido vastos territorios nuevos de imperio indigerido en el Sudán, en el África Oriental, en el África Austral, mientras la Gran Bretaña se debate afanosamente en obligaciones de magnitud y peligro incalculables en los mares de China, y el profeta que expresó esta advertencia ha sido él mismo un instrumento activo en la promoción de la insensatez misma que denuncio.
El imperialismo —ya consista en una nueva política de expansión o en el mantenimiento riguroso de todas esas vastas tierras tropicales que hace poco hemos señalado como esferas de influencia británicas— implica militarismo hoy y guerras ruinosas en un futuro próximo.
Esta verdad se presenta ahora por primera vez de manera cruda y nítida ante la mente de la nación.
Los reinos de la tierra van a ser nuestros a condición de que caigamos de rodillas y adoremos a Moloch.