Ahora bien, el imperialismo moderno en su relación con las «razas inferiores» sigue siendo esencialmente del mismo tipo: emplea otros métodos, motivos diferentes y más humanos moderan el predominio de la codicia económica, pero el análisis deja al descubierto el mismo carácter en el fondo.
Dondequiera que los hombres blancos de «razas superiores» han encontrado a salvajes corpulentos o razas inferiores en posesión de tierras que contienen ricos recursos minerales o agrícolas, los han obligado, siempre que han sido lo suficientemente fuertes, a trabajar en su beneficio, ya sea organizando su trabajo en su propia tierra, o induciéndolos a trabajar a cambio de un trueque desigual, o bien trasladándolos como esclavos o sirvientes a otro país donde su fuerza de trabajo pudiera ser utilizada de manera más lucrativa.
El uso de la fuerza imperial para obligar a las «razas inferiores» a dedicarse al comercio es comúnmente una primera etapa del imperialismo. China constituye aquí el caso clásico de los tiempos modernos, al mostrar la escala gradual por la cual el comercio esporádico pasa, a través de «tratados», puertos abiertos por tratados, control aduanero, derechos de comercio interior, concesiones mineras y ferroviarias, hacia la anexión y la explotación general de los recursos humanos y naturales.