fuerzas políticas hacia el Imperialismo. Un sistema fiscal sólido atacaría, por tanto, la raíz misma del mal.
Por otra parte, si las fuerzas capitalista-imperialistas trasladaran abiertamente el peso de la tributación sobre los hombros del pueblo, sería difícil bajo formas populares de gobierno llevar a la práctica una política tan costosa.
El pueblo debe pagar, pero no debe saber que está pagando, ni cuánto está pagando, y el pago debe extenderse durante el mayor período de tiempo posible.
Para tomar un ejemplo concreto de la historia reciente.
La mezcolanza de intereses financieros y políticos que embaucó a Gran Bretaña para gastar unos doscientos millones de libras del erario público, con el fin de obtener para ellos el control de las tierras y los recursos minerales de las repúblicas sudafricanas, no habría podido lograr su objetivo de ningún modo si se hubiese visto obligada a recaudar el dinero enviando a un recaudador de impuestos a arrebatar a cada ciudadano en efectivo y sonante las varias libras que constituían su parte de los impuestos —la parte que por caminos más tortuosos se le iba a extraer—.