nos enredaría de manera continua con Alemania y los Estados Unidos en el Pacífico, mientras que Canadá y Terranova poseerían un poder enormemente incrementado para embrollarnos con Francia y los Estados Unidos. Si se argumenta que, a fin de cuentas, no se podría dar ningún paso serio en el «imperialismo» australiano, canadiense o sudafricano sin el consentimiento directo y consciente de Gran Bretaña, que seguiría siendo el socio predominante en virtud de su población y prestigio, la respuesta es que el propio fortalecimiento del vínculo imperial daría mayor eficacia a todos los factores operativos del imperialismo. Incluso tal como están las cosas actualmente, existe en Gran Bretaña un poderoso interés comercial organizado que incita continuamente al Gobierno imperial a adoptar una política agresiva en favor de nuestras colonias: estas colonias, la australasiana en particular, están fuertemente hipotecadas en sus tierras y comercio a favor de compañías financieras británicas; sus minas, bancos y otros importantes activos comerciales pertenecen en gran medida a propietarios en Gran Bretaña; sus enormes deudas públicas [30] están principalmente en manos británicas en Gran Bretaña. Es bastante evidente que las clases de este país que poseen estas propiedades coloniales tienen
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El imperialismo, un estudio
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