factores en «una síntesis superior» y, si bien deploran, a menudo con sinceridad, la necesidad de la ametralladora Maxim y el cañonero, hallan una gloriosa justificación en los fines superiores de una civilización promovida por tales medios. Las naciones occidentales están, según este evangelio, realizando rápidamente un control benéfico de la tierra que asegurará, en un futuro cercano, la paz general y la supremacía industrial, científica y moral de las artes occidentales.
“Volad, felices, felices velas, y llevad la Imprenta, volad felices con la misión de la Cruz, unid tierra a tierra, y soplando hacia el cielo, enriqueced los mercados del año dorado.”
Esta es la teoría benévolo-neutral. Que sirva de comentario la estimación que hace sir Charles Dilke de nuestras recientes adquisiciones en el África tropical.
«Si no podemos hacer que la más fértil de las islas de las Indias Occidentales sea rentable, ¿cómo podemos esperar que países mucho menos sanos y menos fértiles en el corazón mismo de África arrojen beneficios? Nuestro pueblo se ha interesado por África debido a su tradicional deseo de suprimir los males del comercio de esclavos, y de pagar en estos días un dinero de la conciencia por los pecados, en relación con la esclavitud, de sus predecesores; pero es probable que hayamos hecho más daño al promover el reparto de África y la creación, en nombre de la libertad, de gobiernos como el del Estado Libre del Congo, que el daño que nuestros abuelos hicieron a África con su participación en la esclavitud africana y el comercio de esclavos». [63]
III
El problema psíquico con el que nos topamos en los defensores de la misión del imperialismo no es ciertamente un caso de hipocresía, ni de