Cuán próxima en motivo y en conducta es en realidad esta combinación puede ilustrarse de este modo a partir de la historia reciente del Sudán.
“Destacamentos de oficiales y soldados de todos los regimientos, británicos y egipcios, fueron trasladados al otro lado del Nilo en los cañoneros para tomar presencia en el servicio conmemorativo de Gordon, y presenciar el izamiento de la bandera británica sobre las ruinas de Jartum...
Rodeado por los soldados a los que había dirigido con terrible y glorioso efecto, el victorioso general ordenó que se izaran las banderas... Los oficiales saludaron, los soldados presentaron armas y la banda tocó el Himno Nacional egipcio y el nuestro. Luego, el Sirdar pidió tres vítores para Su Majestad...
Le siguió el servicio conmemorativo, y las solemnes palabras del libro de oraciones inglés fueron leídas en aquel jardín lejano... Las bandas tocaron su marcha fúnebre y el himno favorito de Gordon, Abide with Me; un cañonero en el río disparó el saludo con estruendo... Los montañeses interpretaron un largo lamento, y así la ceremonia se cumplió debidamente.
Nueve mil de aquellos que lo habrían impedido yacían muertos en la llanura de Omdurmán. Otros miles se dispersaban por el desierto, o arrastrándose heridos llegaban al río en busca de agua”. [62]
Si bien el autor de este pasaje omite el toque final, el disparo deliberado a los heridos que se arrastraban por parte de tropas bajo el mando británico, la estampa resulta profundamente sugerente, con su extraña amalgama de la bandera británica, Abide with Me y la venganza de Gordon.
Sin embargo, es evidente que aquellos que ascienden a las brumosas alturas del imperialismo son capaces de unir estos diversos y discordantes