Tal espíritu y tal propósito han estado claramente operantes en Sudáfrica durante muchos años. Lo que a nosotros se nos antoja como un logro del imperialismo británico —a saber, la adquisición de las dos repúblicas holandesas y el gran Norte— es y siempre ha parecido algo muy distinto a un poderoso grupo de políticos de negocios en Sudáfrica. Estos hombres del Cabo, del Transvaal y de Rhodesia, británicos u holandeses, han fomentado un imperialismo sudafricano, no opuesto al imperialismo británico, dispuesto cuando es necesario a utilizarlo, pero independiente de él en sus metas y propósitos últimos. Esta fue la política de «colonialismo» que el Sr. Rhodes abrazó con tanta vehemencia en su temprana carrera política, buscando el control de Bechuanalandia y el Norte para la Colonia del Cabo y no directamente para el Imperio. Esta ha sido siempre la política de una sección activa del Africander Bond, que desarrolló a gran escala el hábito original del «trek» de los holandeses. Esta fue la política a la que Sir Hercules Robinson dio voz en su famosa declaración de 1889 respecto al imperialismo: «Es una cantidad decreciente, ya que no queda en el futuro de Sudáfrica ningún lugar permanente para el dominio imperial directo a gran escala». Una expansión distintivamente colonial o sudafricana fue la política de los políticos, financieros y aventureros hasta el fracaso de la Incursión de Jameson; de manera renuente buscaron la cooperación del imperialismo británico para que les ayudara en una tarea concreta para la cual eran demasiado débiles: la apropiación de los yacimientos minerales del Transvaal; su objetivo primordial de aquí en adelante será relegar al imperialismo británico a lo que consideran su lugar propio, el de una *ultima
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El imperialismo, un estudio
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