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nydus/PersuasionPublic
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Se obligó a decir, al tomar por indicación otro sendero: «¿No es este uno de los caminos a Winthrop?». Pero nadie la oyó, o, al menos, nadie le respondió.

Winthrop, sin embargo, o sus alrededores —pues a veces es posible encontrarse a jóvenes paseando cerca de casa— era su destino; y tras media milla más de ascenso gradual a través de grandes fincas, donde los arados en marcha y el sendero recién abierto daban fe de que el granjero contrarrestaba las dulzuras del desaliento poético y tenía la intención de que volviera a haber primavera, llegaron a la cima de la colina más considerable, que separaba Uppercross de Winthrop, y pronto contemplaron una vista completa de este último pueblo, al pie de la colina, al otro lado.

Winthrop, sin belleza y sin dignidad, se extendía ante ellos; una casa indiferente, de baja altura, cercada por los graneros y edificios de un corral.

Mary exclamó: “¡Dios mío! aquí está Winthrop. Te juro que ni idea. Bueno, pues creo que más nos vale dar la vuelta; estoy sumamente cansada”.

Henrietta, consciente y avergonzada, y sin ver al primo Charles caminando por ningún sendero, ni recostado en ninguna verja, estaba dispuesta a hacer lo que Mary deseaba; pero «¡No!», dijo Charles Musgrove, y «¡No, no!», exclamó Louisa con más entusiasmo y, apartando a su hermana, pareció discutir el asunto con ardor.

Charles, entre tanto, declaraba muy decididamente su resolución de ir a ver a su tía, ahora que estaba tan cerca; y muy evidentemente, aunque con más timidez, intentaba persuadir a su mujer para que fuera también. Pero este era uno de los puntos en los que la señora mostraba su carácter; y cuando él le sugirió la ventaja de descansar un cuarto de hora en Winthrop, ya que se sentía tan cansada, ella respondió con firmeza:

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