—Mary es bondadosa en muchos aspectos —dijo ella—; pero a veces me exaspera muchísimo con sus tonterías y su orgullo, el orgullo de los Elliot. Tiene muchísimo del orgullo de los Elliot. Ojalá Charles se hubiera casado con Anne en su lugar. Supongo que ya sabes que quiso casarse con Anne.
Tras una breve pausa, el capitán Wentworth dijo:
“¿Quieres decir que ella lo rechazó?”
“¡Oh! sí; desde luego.”
“¿Cuándo pasó eso?”
“No lo sé exactamente, porque Henrietta y yo estábamos en el colegio por entonces; pero creo que fue cosa de un año antes de que se casara con Mary. Ojalá lo hubiera aceptado. A todos nos habría caído mucho mejor; y papá y mamá siempre creen que fue obra de su gran amiga, Lady Russell, que no lo hiciera. Piensan que tal vez Charles no fuera lo suficientemente culto y lector para complacer a Lady Russell y que, por eso, persuadió a Anne para que lo rechazara”.
Los sonidos se iban alejando y Anne ya no distinguió nada más. Sus propias emociones la mantuvieron inmóvil. Le costaría mucho recuperarse antes de poder moverse.
El proverbial destino del que escucha no fue exactamente el suyo; no había oído nada malo sobre ella misma, pero había oído muchas cosas de un contenido muy doloroso.
Comprendió cómo consideraba el capitán Wentworth su carácter, y en los modales de este había habido justo ese grado de sentimiento y curiosidad hacia ella que debía causarle una agitación extrema.
Tan pronto como pudo, fue en busca de Mary y, tras encontrarla y regresar con ella hasta el lugar donde habían estado antes, junto al tranco,