Ser considerada como un bien, aunque con un estilo impropio, es al menos mejor que ser rechazada por no ser buena en absoluto; y Anne, contenta de que la consideraran de alguna utilidad, contenta de tener algo señalado como un deber, y desde luego nada disgustada de que el escenario de este fuera el campo, y su querido campo, accedió de inmediato a quedarse.
Esta invitación de Mary disipó todas las dudas de Lady Russell, por lo que pronto quedó decidido que Anne no iría a Bath hasta que Lady Russell la llevase, y que todo el tiempo intermediario se dividiría entre Uppercross Cottage y Kellynch Lodge.
Hasta entonces todo había ido a la perfección; pero a Lady Russell casi la sobresaltó lo desacertado de un aspecto del plan de Kellynch Hall, cuando de repente se le reveló: el hecho de que la señora Clay estuviera contratada para ir a Bath con Sir Walter y Elizabeth, como una asistente importantísima y valiosísima para esta última en todas las gestiones que tenía por delante.
Lady Russell sintió un profundo pesar de que se hubiera recurrido a semejante medida, se sorprendió, se afligió y temió; y la afrenta que esto suponía para Anne, al resultar la señora Clay de tanta utilidad mientras que Anne no podía ser de ninguna, constituía un agravante de lo más doloroso.
Anne misma se había vuelto insensible a tales ofensas; pero sentía la imprudencia de la disposición con tanta agudeza como Lady Russell. Con una gran dosis de serena observación, y un conocimiento, que a menudo deseaba menor, del carácter de su padre, era consciente de que las consecuencias más graves para su familia a raíz de aquella intimidad eran más que posibles. No se imaginaba que su padre tuviera por el momento una idea de tal índole. La señora Clay tenía pecas, un diente saliente y una muñeca