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nydus/PersuasionPublic
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XVI

naturalmente lúcida y que solo se había equivocado en la flor de la juventud. Anne se atrevió, sin embargo, a seguir sonriendo al respecto y a mencionar por fin a «Elizabeth». Lady Russell escuchó, miró y dio tan solo esta cauta respuesta:⁠—¡Elizabeth! Muy bien; el tiempo dirá.

Era una referencia al futuro que Anne, tras un poco de observación, sintió que debía aceptar. Por el momento no podía decidir nada.

En aquella casa Elizabeth tenía que ser la primera; y ella estaba tan acostumbrada a que la llamaran en general «señorita Elliot» que cualquier atención particularizada parecía casi imposible.

Había que recordar también que el señor Elliot no llevaba siete meses viudo. Un poco de demora por su parte podía ser muy disculpable. De hecho, Anne nunca podía ver el crespón alrededor de su sombrero sin temer que ella fuera la inexcusable por atribuirle tales intenciones; pues, aunque su matrimonio no había sido muy feliz, había durado tantos años que ella no lograba comprender una recuperación muy rápida de la terrible impresión de su disolución.

Sea cual fuere el final, era sin duda alguna su más agradable conocido en Bath: ella no veía a nadie que se le igualara; y era una gran complacencia de vez en cuando hablar con él de Lyme, que él parecía tener tantos deseos de volver a ver, y de ver más a fondo, como ella misma.

Repasaron los pormenores de su primer encuentro una gran cantidad de veces. Él le dio a entender que la había mirado con cierta intensidad. Ella lo sabía bien; y recordaba también la mirada de otra persona.

No siempre pensaban del mismo modo. Ella advertía que él concedía a la alcurnia y a las relaciones sociales mayor importancia que ella. No era mera condescendencia; debía de ser un auténtico interés por el motivo lo que hacía que él se implicara con tanto calor en las inquietudes de su padre y su hermana respecto a un asunto que a ella le parecía indigno de alterarlos.

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