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nydus/PersuasionPublic
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Capítulo XXI

menor preocupación por las probables finanzas de aquel amigo; sino que, por el contrario, había estado incitando y fomentando unos gastos que solo podían terminar en la ruina; y los Smith, en consecuencia, se habían arruinado.

El marido había muerto justo a tiempo de librarse del pleno conocimiento de aquello.

Habían conocido antes apuros suficientes como para poner a prueba la amistad de sus amigos, y para demostrar que más valía no poner a prueba la del señor Elliot; pero no fue hasta su muerte cuando se conoció por completo el mísero estado de sus asuntos.

Con una confianza en el afecto del señor Elliot, más honrosa para sus sentimientos que para su juicio, el señor Smith lo había nombrado albacea de su testamento; pero el señor Elliot no quiso actuar, y las dificultades y tribulaciones que esta negativa le había amontonado, además de los inevitables sufrimientos de su situación, habían sido tales que no podían contarse sin angustia de espíritu, ni escucharse sin la correspondiente indignación.

A Anne le mostraron algunas cartas suyas con aquel motivo, respuestas a solicitudes urgentes de la señora Smith, que destilaban la misma severa resolución de no meterse en un asunto infructuoso y, bajo una fría amabilidad, la misma desalmada indiferencia ante cualquiera de los males que aquello pudiera acarrearle. Era un cuadro espantoso de ingratitud y crueldad; y a Anne le pareció, en ciertos momentos, que ningún delito flagrante y público habría podido ser peor. Tenía mucho que escuchar; todos los pormenores de los tristes sucesos pasados, todos los detalles de calamidad tras calamidad, que en conversaciones anteriores apenas se habían insinuado, ahora se

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