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nydus/PersuasionPublic
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Capítulo XII

—Ay, muy cierto —(con un profundo suspiro)—, recién es junio.

“Y quizás sin que él lo supiera, tan pronto.”

—No fue hasta la primera semana de agosto, cuando volvió del Cabo, recién ascendido a capitán del Grappler. Yo estaba en Plymouth temiendo tener noticias de él; él mandaba cartas, pero el Grappler tenía órdenes de zarpar hacia Portsmouth. La noticia tenía que seguirle allí, ¿pero quién iba a dársela? Yo no. Antes habría preferido que me colgaran de la verga. Nadie podía hacerlo, sino ese buen hombre —(señalando al capitán Wentworth)—. La Laconia había llegado a Plymouth la semana anterior; no había peligro de que volviera a la mar. Se la jugó por lo demás; pidió permiso por escrito, pero sin esperar la respuesta, viajó día y noche hasta llegar a Portsmouth, remó hacia el Grappler en el acto y no se apartó del pobre muchacho en una semana. Eso fue lo que hizo, y nadie más podría haber salvado al pobre James. ¡Ya se imaginará, señorita Elliot, si lo queremos!

Anne reflexionó sobre la cuestión con absoluta firmeza, y en su respuesta dijo tanto como se lo permitían sus propios sentimientos o lo que parecía capaz de soportar el de él, pues estaba demasiado conmovido para reanudar el tema, y cuando volvió a hablar, fue de algo totalmente distinto.

El hecho de que la señora Harville expresara su opinión de que su marido tendría bastante caminata para cuando llegara a casa determinó el rumbo de todo el grupo en lo que iba a ser su último paseo; los acompañarían hasta su puerta y luego regresarían para emprender el suyo propio. Según todos sus cálculos, el tiempo justo alcanzaba para esto; pero al acercarse al Cobb, hubo un deseo tan general de recorrerlo una vez más,

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