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nydus/PersuasionPublic
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Capítulo XXIII

“No, no, no es la naturaleza del hombre. No consentiré que sea más propia del hombre que de la mujer la inconstancia y el olvido de aquellos a quienes ama o ha amado. Creo lo contrario.

Creo que existe una verdadera analogía entre nuestra constitución física y la mental; y que, así como nuestros cuerpos son los más fuertes, también lo son nuestros sentimientos, capaces de soportar el trato más rudo y de capeadores el peor temporal”.

—Puede que vuestros sentimientos sean los más intensos —replicó Anne—, pero el mismo principio de analogía me autoriza a afirmar que los nuestros son los más tiernos. El hombre es más robusto que la mujer, pero no vive más años; lo cual explica exactamente mi modo de ver la naturaleza de sus afectos. De otro modo, sería demasiado duro para vosotros.

Tenéis dificultades, privaciones y peligros suficientes con los que luchar. Siempre estáis trabajando y esforzándoos, expuestos a todo riesgo y penalidad. Vuestro hogar, vuestro país, vuestros amigos, todo abandonado. Ni el tiempo, ni la salud, ni la vida os pertenecen.

Sería verdaderamente duro —añadió con voz temblorosa— que a todo esto se añadieran los sentimientos de la mujer.

—Nunca nos pondremos de acuerdo en esta cuestión —empezaba a decir el capitán Harville, cuando un leve ruido atrajo su atención hacia el sector de la habitación que hasta entonces había estado completamente tranquilo, donde se hallaba el capitán Wentworth. No fue más que se le había caído la pluma, pero Anne se sobresaltó al descubrir que estaba más cerca de lo que había supuesto, y medio inclinada a sospechar que la pluma solo se le había caído porque él había estado pendiente de ellos, esforzándose por captar unos sonidos que, sin embargo, ella creía que él no podía haber oído.

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