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nydus/PersuasionPublic
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Capítulo XXIII

De lo que entonces había escrito, no había nada que retractar o matizar. Persistía en no haber amado a ninguna otra que no fuera ella. Nunca había sido suplantada. Ni siquiera llegó a creer que viera a alguien igual a ella.

Tan solo se veía obligado a reconocer lo siguiente: que había sido constante de manera inconsciente, es decir, sin proponérselo; que había querido olvidarla y creía haberlo conseguido. Se había creído indiferente cuando en realidad solo estaba enfadado; y había sido injusto con los méritos de ella, porque había sufrido a causa de los mismos.

Su carácter se había grabado ahora en su mente como la perfección misma, manteniendo el término medio más encantador entre la fortaleza y la dulzura; pero tenía que admitir que solo en Uppercross había aprendido a hacerle justicia, y solo en Lyme había empezado a comprenderse a sí mismo.

En Lyme había recibido lecciones de más de un tipo. La pasajera admiración del señor Elliot al menos lo había sacudido, y las escenas en el Cobb y en casa del capitán Harville habían consagrado la superioridad de ella.

En sus intentos anteriores de vincularse a Louisa Musgrove (intentos propios de un orgullo herido), protestó que siempre lo había sentido como algo imposible; que no le había importado Louisa, que no podía importarle; aunque hasta aquel día, hasta el sosiego para la reflexión que le siguió, no había comprendido la perfecta excelencia del espíritu con el cual el de Louisa tan mal podía soportar la comparación, ni el dominio perfecto e indiscutible que este poseía sobre el suyo propio. Allí había aprendido a distinguir entre la firmeza de principios y la obstinación de la terquedad, entre los atrevimientos de la insensatez y la resolución de una mente serena.

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