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nydus/PersuasionPublic
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XI

lago, y cómo se clasificaban El moro y La novia de Abydos; y además, cómo debía pronunciarse El moro*, se mostró tan íntimamente familiarizado con todas las canciones más tiernas del uno y con todas las apasionadas descripciones de la agonía sin esperanza del otro; repitió, con tan tembloroso sentimiento, los diversos versos que evocaban un corazón destrozado o una mente destruida por la desdicha, y tenía tan por completo el aspecto de querer hacerse entender, que ella se atrevía a esperar que él no leyese siempre únicamente poesía, y a decir que pensaba que era desgracia de la poesía el ser rara vez disfrutada sin peligro por quienes la disfrutaban por completo; y que los fuertes sentimientos que por sí solos podían apreciarla verdaderamente eran los mismos sentimientos que debían probarla con moderación.

Mostrando él en su semblante no dolor, sino agrado ante aquella alusión a su situación, se sintió ella envalentonada para continuar; y sintiendo en su interior el derecho de la madurez de espíritu, se aventuró a recomendarle una mayor proporción de prosa en su

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