El capitán Wentworth había llegado a Kellynch como a su propia casa, para quedarse todo el tiempo que quisiera, ya que era tanto el objeto de la bondad fraternal del almirante como de la de su esposa.
Al llegar, había tenido la intención de marchar muy pronto a Shropshire y visitar al hermano establecido en aquella tierra, pero los atractivos de Uppercross le indujeron a posponerlo. Hubo tanta amabilidad, y halagos, y de todo lo más fascinante en su recibimiento allí; los mayores eran tan hospitalarios, los jóvenes tan agradables, que no pudo sino resolver quedarse donde estaba, y aceptar a crédito todas las gracias y perfecciones de la esposa de Edward un poco más de tiempo.
No tardó en estar en Uppercross casi todos los días. Los Musgrove apenas podían estar más dispuestos a invitarlo que él a venir, sobre todo por la mañana, cuando no tenía compañía en casa, ya que el almirante y la señora Croft solían estar fuera juntos, interesándose por sus nuevas posesiones, su hierba y sus ovejas, y holgazaneando de un modo insufrible para una tercera persona, o paseando en un gig que se había añadido recientemente a su cuadra.
Hasta entonces no había existido más que una sola opinión sobre el capitán Wentworth entre los Musgrove y sus allegados.
Era en todas partes de unánime y cálida admiración; pero esta estrecha relación no acababa de establecerse, cuando un tal Charles Hayter regresó a su lado, muy molesto por ello y considerando que el capitán Wentworth estorbaba bastante.
Charles Hayter era el mayor de todos los primos, y un joven muy amable y simpático, entre quien y Henrietta había habido una clara muestra de afecto antes de la presentación del capitán Wentworth.