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nydus/PersuasionPublic
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Capítulo XVII

Anne halló en la señora Smith el buen juicio y los modales agradables en los que casi se había atrevido a confiar, y una disposición a conversar y a estar alegre que superaba sus expectativas. Ni las disipaciones del pasado —y había vivido muy inmersa en el mundo— ni las restricciones del presente, ni la enfermedad ni la tristeza parecían haberle cerrado el corazón ni arruinado el ánimo.

En el curso de una segunda visita, conversó con gran franqueza, y el asombro de Anne aumentó. Difícilmente podía imaginarse una situación más desoladora en sí misma que la de la señora Smith.

  • Había querido mucho a su marido: lo había enterrado.
  • Había estado acostumbrada a la opulencia: esta había desaparecido.
  • No tenía ningún hijo que la volviera a vincular a la vida y a la felicidad, ningún pariente que la ayudara en la organización de sus enredados asuntos, ninguna salud que hiciera soportable todo lo demás.

Sus comodidades se reducían a un salón ruidoso y a un dormitorio oscuro en la parte trasera, sin posibilidad de trasladarse del uno al otro sin ayuda —la cual solo podía proporcionarle una criada que había en la casa—, y jamás salía de allí sino para ser transportada al baño de aguas termales.

Sin embargo, a pesar de todo esto, Anne tenía razones para creer que solo tenía momentos de desánimo y depresión frente a horas de ocupación y disfrute. ¿Cómo podía ser? Observó, analizó, reflexionó y finalmente determinó que este no era un caso de fortaleza ni de mera resignación. Un espíritu sumiso podía ser paciente, un claro entendimiento aportaría resolución, pero aquí había algo más; aquí estaba esa elasticidad mental, esa disposición a ser reconfortada, ese poder de pasar fácilmente del mal al bien, y de encontrar ocupación que la sacara de sí misma, que provenía

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