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nydus/PersuasionPublic
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XVI

El periódico de Bath anunció una mañana la llegada de la vizcondesa viuda Dalrymple y de su hija, la honorable señorita Carteret; y toda la tranquilidad del número ⸻ de Camden Place se vio arruinada durante muchos días, pues los Dalrymple (en opinión de Anne, muy desgraciadamente) eran primos de los Elliot, y el suplicio consistía en saber cómo presentarse debidamente.

Anne no había visto nunca a su padre y a su hermana en contacto con la nobleza, y tenía que admitir que se sentía decepcionada.

Había esperado cosas mejores debido a la alta idea que tenían de su propia posición en la vida, y se vio reducida a abrigar un deseo que jamás había previsto; el deseo de que tuvieran más orgullo; pues «nuestras primas Lady Dalrymple y la señorita Carteret», «nuestros primos, los Dalrymple», resonaban en sus oídos durante todo el día.

Sir Walter había estado una vez en compañía del difunto vizconde, pero nunca había visto a ninguno de los demás miembros de la familia; y las dificultades del caso surgían de que había habido una suspensión de toda correspondencia por cartas de cortesía desde la muerte de dicho difundo vizconde, cuando, a consecuencia de una enfermedad peligrosa que Sir Walter sufrió al mismo tiempo, se había cometido una desafortunada omisión en Kellynch. No se había enviado ninguna carta de pésame a Irlanda. El descuido había recaído sobre la cabeza del pecador; pues cuando la pobre Lady Elliot murió, no se recibió ninguna carta de pésame en Kellynch y, en consecuencia, había motivos más que suficientes para temer que los Dalrymple consideraban el parentesco como terminado. Cómo arreglar este asunto tan delicado y ser admitidos como primos de nuevo era la cuestión: y era una cuestión que, de un modo más racional, ni Lady Russell ni el Sr. Elliot consideraban sin importancia.

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