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nydus/PersuasionPublic
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Capítulo XVII

estas pequeñas carteras para hilos, acericos y archivadores de cartas en los que siempre me ve tan ocupada, y que me proporcionan los medios de hacer un poco de bien a una o dos familias muy pobres de este vecindario. Tiene muchas relaciones, por supuesto que profesionales, entre quienes pueden permitirse comprar, y ella misma se encarga de colocar mi mercancía. Siempre escoge el momento oportuno para dirigirse a ellos. El corazón de todo el mundo se abre, ya sabe, cuando uno acaba de librarse de un dolor intenso, o está recuperando la bendición de la salud, y la enfermera Rooke entiende a la perfección cuándo debe hablar. Es una mujer astuta, inteligente y sensata. El suyo es un oficio propicio para conocer la naturaleza humana; y posee un caudal de buen juicio y capacidad de observación que, como compañera, la hacen infinitamente superior a miles de personas que, por haber recibido únicamente «la mejor educación del mundo», no saben nada digno de atención. Llámenos chismorreo, si quiere, pero cuando la enfermera Rooke dispone de media hora libre para dedicármela, siempre tiene algo que contar que resulta entretenido y provechoso: algo que le hace a uno conocer mejor a su propia especie. A uno le gusta saber qué está pasando, estar al corriente de las formas más recientes de ser frívolo y tonto. Para mí, que vivo tan sola, su conversación, se lo aseguro, es un verdadero deleite.

Anne, lejos de desear poner reparos a ese placer, respondió: —Puedo creerlo fácilmente. Las mujeres de esa clase tienen grandes oportunidades y, si son inteligentes, bien vale la pena escucharlas. ¡Qué variedad de la naturaleza humana tienen la costumbre de presenciar! Y no es meramente en sus locuras en lo que están bien versadas; pues la ven ocasionalmente bajo cualquier circunstancia que pueda resultar más interesante o conmovedora. Qué ejemplos deben desfilar ante ellas de

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