El capitán Harville había alquilado su actual casa por medio año; su gusto, su salud y su fortuna lo inclinaban por una residencia económica y junto al mar; y la grandeza del campo y la tranquilidad de Lyme en invierno parecían adaptarse exactamente al estado de ánimo del capitán Benwick. La simpatía y la buena voluntad que despertaba el capitán Benwick eran inmensas.
“Y sin embargo —se dijo Ana para sus adentros, mientras avanzaban ahora para encontrarse con el grupo—, tal vez él no tenga un corazón más afligido que el mío. No puedo creer que sus perspectivas estén marchitas para siempre. Es más joven que yo; más joven de sentimientos, si no de hecho; más joven como hombre. Se sobrepondrá y será feliz con otra”.
Todos se reunieron y fueron presentados. El capitán Harville era un hombre alto, moreno, de rostro sensato y benevolente; cojeaba un poco y, debido a sus rasgos marcados y a su falta de salud, aparentaba mucha más edad