Esto era muy sorprendente si era verdad; y Lady Russell se encontraba en un estado de muy agradable curiosidad y perplejidad acerca del señor Elliot, retractándose ya del sentimiento que hacía tan poco le había expresado a Mary, de que era «un hombre al que no tenía ningún deseo de ver». Tenía un gran deseo de verlo. Si en verdad buscaba reconciliarse como una rama obediente, habría que perdonarle el haberse desgajado del árbol paterno.
Anne no estaba animada hasta el mismo punto por la circunstancia, pero sentía que prefería volver a ver al señor Elliot a no hacerlo, lo cual era más de lo que podía decir de muchas otras personas en Bath.
Fue dejada en Camden Place; y Lady Russell se dirigió entonces a sus propias habitaciones, en Rivers Street.