Cuál de las dos hermanas era la preferida del capitán Wentworth era aún muy dudoso, hasta donde alcanzaba la observación de Anne. Henrietta era quizás la más bonita, Louisa tenía el carácter más animado; y no sabía ya cuál de las dos naturalezas, la más apacible o la más viva, era más probable que lo atrajera.
El señor y la señora Musgrove, ya fuera por ver poco, ya por una confianza absoluta en la discreción de sus dos hijas y de todos los jóvenes que se les acercaban, parecían dejar que todo siguiera su propio rumbo.
No había la más mínima muestra de preocupación o comentario al respecto en la Casa Grande; pero en la Cabaña era diferente: la joven pareja de allí estaba más dispuesta a hacer conjeturas y a preguntarse cosas; y el capitán Wentworth no había estado más de cuatro o cinco veces en compañía de las señoritas Musgrove, y Charles Hayter acababa de reaparecer, cuando Anne tuvo que escuchar las opiniones de su cuñado y su hermana sobre a cuál de las dos prefería.
Charles apostaba por Louisa, y Mary por Henrietta, aunque ambos coincidían plenamente en que cualquiera de los dos casamientos sería sumamente encantador.
Charles «no había visto en su vida a un hombre más agradable; y, por lo que una vez le había oído decir al propio capitán Wentworth, estaba muy seguro de que este no había ganado menos de veinte mil libras con la guerra.
¡He aquí una fortuna de golpe!; además de la cual, estaba la probabilidad de lo que pudiera conseguirse en cualquier guerra futura; y estaba seguro de que el capitán Wentworth era un hombre tan propenso a distinguirse como cualquier oficial de la marina.
¡Oh!, ¡sería un partido excelente para cualquiera de sus hermanas!».