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nydus/PersuasionPublic
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XVI

«Las conexiones familiares siempre valían la pena de ser conservadas, la buena compañía siempre valía la pena de ser buscada; Lady Dalrymple había alquilado una casa, por tres meses, en Laura Place, y viviría a todo tren. Había estado en Bath el año anterior, y Lady Russell le había oído hablar maravillas. Era muy conveniente que la conexión se renovara, si podía hacerse sin menoscabo de la decencia por parte de los

Sir Walter, sin embargo, quiso elegir sus propios medios y al fin escribió una carta bellísima de cumplidas explicaciones, pesar y ruego a su ilustrísimo primo.

Ni Lady Russell ni el señor Elliot pudieron admirar la carta; pero hizo todo lo necesario al conseguir tres renglones garabateados de la vizcondesa viuda.

«Se sentía muy honrada y sería feliz de conocerlos».

Habían terminado las fatigas del asunto y empezaban las dulzuras. Hicieron visitas a Laura Place, tenían las tarjetas de la vizcondesa viuda Dalrymple y la honorable señorita Carteret para exhibirlas donde más se lucieran; y a todo el mundo se le hablaba de «Nuestros primos de Laura Place», «Nuestras primas, Lady Dalrymple y la señorita Carteret».

Anne sentía vergüenza. Aunque lady Dalrymple y su hija hubiesen sido muy simpáticas, aún se habría avergonzado de la agitación que provocaban, pero no eran nada.

No había superioridad en sus modales, sus talentos o su entendimiento. Lady Dalrymple se había ganado la fama de «mujer encantadora» por tener siempre una sonrisa y una respuesta amable para todo el mundo.

La señorita Carteret, con aún menos que decir, era tan sosa y tan torpe que jamás la habrían tolerado en Camden Place de no ser por su cuna.

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