Y, tras una pausa, añadió: —¡La horca es poco para ti, Makarka, después de las que has hecho!
Makarka contempló al ciego, que se mantenía erguido, firmemente plantado con las cejas enarcadas, y le preguntó:
«Hombre de Dios, ¿qué deberíamos hacer, qué te parece? ¿Estrangularlo o pegarle un tiro?»
—Disparar es más seguro —respondió el ciego con gravedad—. Al menos, ese es el camino más directo.