o semejante desenlace. La víspera de la festividad de San Miguel, Rodka, que había regresado a casa «a cambiarse de camisa» y que ni siquiera le había tocado un pelo a la Novia, ¡murió repentinamente de un «cólico»! Esto se supo en Vórgol bien entrada la noche; pero Tijón Ílich ordenó al instante enganchar su caballo y se dirigió a toda velocidad, a través de la oscuridad y la lluvia, a casa de su hermano. Y tras haberse tragado, además del té, una botella entera de aguardiente de frutas, le hizo una confesión, con la fiebre de la emoción, expresiones apasionadas y los ojos desorbitados: > «¡Mía es la culpa, hermano; el pecado
Habiéndole escuchado, Kuzma guardó silencio durante mucho rato, y durante mucho rato se paseó de un lado a otro de la habitación pellizcándose los dedos, torciéndolos, haciéndose sonar las articulaciones.
Al fin dijo:
“Piénsalo bien: ¿hay alguna nación más feroz que la nuestra? En la ciudad, si un raterillo le arrebata de la bandeja a un vendedor ambulante un panecillo que no vale ni un céntimo, toda la población del barrio de fondas lo persigue, y cuando lo atrapan lo obligan a comer jabón. ¡Toda la ciudad acude en masa a un incendio, o a una pelea, y cómo lamentan que el incendio o la pelea terminen tan pronto! No muevas la cabeza, no lo hagas: ¡lo lamentan! Y cómo disfrutan cuando alguien mata a su mujer a palos, o apalea a un muchacho hasta dejarlo al borde de la muerte, o se burla de él! Eso es lo más divertido del mundo”.
Tijón Ílich preguntó: «¿Con qué objeto dice eso?».