Pero las chicas no obedecieron:
“Tañe, sonora campana, Despierta a mi amado padre. …”
Y la Novia comenzó, con un gemido, a caer de bruces sobre sus rodillas, sobre sus brazos, y ahogada en lágrimas. Al fin fue conducida, temblando, tambaleándose y chillando, a la fría mitad estival de la casita, para ser vestida.
After that was done, Kuzma bestowed the blessing on her. The bridegroom arrived with Vaska, Yakoff’s son.
The bridegroom had donned the latter’s boots; his hair had been freshly clipped short; his neck, encircled by the collar of a blue shirt with lace, had been shaved to redness.
He had washed himself with soap, and appeared much younger; he was even not at all ill looking, and, conscious of that fact, he had drooped his dark eyelashes in dignified and modest fashion.
Vaska, su padrino, con camisa roja y abrigo de pieles a la rodilla llevado desabrochado, con el cabello cortado al rape, picado de viruelas, robusto, se parecía a un presidiario, como de costumbre. Entró, frunció el ceño y lanzó una mirada de soslayo a las muchachas ceremoniales.
—¡Deja de dar esos alaridos! —dijo con rudeza y de forma imperativa—. Largo de aquí. ¡Fuera!
Las muchachas le respondieron a coro: «Sin la Trinidad no se puede construir una casa, sin cuatro esquinas no se puede techar la cabaña. Pon un rublo en cada esquina, un quinto rublo en el medio y una botella de vodka».
Vaska sacó una botella del bolsillo y la puso sobre la mesa. Las muchachas la tomaron y se pusieron de pie. La multitud se había vuelto más densa que nunca.