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nydus/The VillagePublic
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IV

El pueblo estaba desierto. Muchos se habían ido a trabajar en el trébol. Trifón había muerto a mediados de agosto, por la fiesta de la Asunción; se había ahogado, al romper el ayuno, con un trozo de jamón crudo. A principios de septiembre, Komar, uno de los principales revoltosos, famoso por su fuerza, su astucia y su osadía en sus tratos con los miembros de la clase alta, había entrado en una destilería cerca de Yelets, había caído en el horno de malta en estado de embriaguez y se había asfixiado. Nadie sabía que él estaba allí y la puerta había quedado atrancada. Komar había doblado la puerta en sus esfuerzos por salir al aire libre, pero evidentemente tal muerte estaba escrita en su destino. Otro rebelde, Vanka Krasny, había vuelto a marchar a las minas del Donets. El guarnicionero trabajaba por diferentes haciendas. Rodka trabajaba en el ferrocarril. Deniska había desaparecido en alguna parte.

Y todos compadecían hipócritamente a Syery, aprovechando la oportunidad para ridiculizar tanto al hijo como al padre. A Yakov le temblaban las manos cuando empezaba a hablar de Syery. ¿Y cómo no iban a temblarle? ¿Qué había hecho aquel Syery con la tierra que Yakov estaba dispuesto a «devorar a puñados»? Nadie en todo Durnovka sufrió la centésima parte de lo que sufrió Yakov cuando empezaron a correr los rumores sobre rebeliones, casos de incendio provocado y expropiación de tierras. Él simplemente guardaba silencio, gracias a aquella clandestinidad subterránea que miles de sus antepasados habían mamado con la leche materna. Y, en verdad, le habría faltado el aliento si hubiera intentado hablar.

Ahora, cuando los rumores se volvieron cada vez más desesperados, se reconcilió incluso con su hijo Vaska, por el bien de la tierra. Su hijo era un muchacho picuelo, toscamente fornido, completamente cubierto de barba a los veinte años, de hombros anchos, pelo rizado y tan

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