Aquí, en este baño de vapor, se aparecían demonios con frecuencia, como era de esperarse: ¿tenía Akim una fe auténtica en los demonios? No.
La gente lo había creído así hacía mil años, y Akim simplemente había aceptado su herencia de manera mecánica. Pero, aun sin creer, podía, sin embargo, relatar cómo, en otro tiempo, su difunto abuelo había ido al granero en busca de salvado y se había encontrado al demonio, tanvejoso como un perro, sentado, con las piernas cruzadas en un nudo, sobre una de las vigas.
Doblando una rodilla, Kuzma apoyó la muñeca en la frente y empezó a dar cabezadas, suspirando y lamentándose al mismo tiempo.