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nydus/The VillagePublic
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V. Syery

degollara, mientras que a ella le dio un desmayo... ahí se quedó como un pato muerto. "Bueno", dice él, "revienta a palos ahora". Eso fue lo que dijo. "No ne‑cesito darte una paliza", le digo yo. Le quité la casaca, y le quité el chaleco también... lo dejé solo en calzoncillos... casi en las condiciones en que su madre lo trajo al mundo. "Ahora", le digo, "largo, vete a donde te plazca". Y yo mismo emprendí el camino hacia mi casa. Miré a mi alrededor... y él venía detrás de mí. La nieve era blanca, y él era blanco, y andaba sorbiéndose los mocos. No tenía a dónde ir... ¿adónde iba a correr?

¡Pero mi Matriona Nikolavna se escapa corriendo a los campos en el mismo instante en que salgo de la choza! Se fue a buen paso; a una vecina le costó trabajo agarrarla de la manga cuando ya casi había llegado a Básovka, y me la trajo. La dejé descansar un rato y luego le dije: «Somos gente pobre, ¿verdad?». Ella no dijo una sola palabra. «Y tu madre, ¿es una infeliz o es una mujer decente?». Ninguna respuesta. «Nos has cubierto de vergüenza. Eh, ¿no es así? ¿Qué pretendes con esto? ¿Acaso piensas llenar mi casa con esa ralea, con tus bastardos, y que yo cierre los ojos a lo que está pasando? ¡Viendo lo pobres que somos, tendrías que andar con cuidado y no convertirnos en el hazmerreír de todos, arrastrando tus trenzas de doncella por ahí, pedazo de basura!».

Entonces empecé a curtirle el lomo⁠—tenía a mano un lindo y apropiado latiguillo. Bueno, para decirlo simplemente, le hice pedazos todo el cuerpo a tal punto que se deslizó a mis pies y besó mis botas de fieltro, mientras él se sentaba en el banco y gritaba. Luego empecé con él, el querido hombre⁠—

—¿Y se casó con ella? —preguntó Kuzma.

—¡Ya lo creo que sí! —exclamó Syery; y, consciente de que la embriaguez le estaba venciendo, comenzó a recoger los fragmentos de jamón del plato y a metérselos en los bolsillos de los calzones—. ¡Y qué boda armamos!

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