para Shoreline por favor tomen asiento en el vagón de atrás, este vagón no va más lejos— ahh -pls, aw -rnjz, b’ nan ners, s‑a‑n‑d ’ches, p—op-corn!”
—y pasó el mediodía y se acercaba la hora de vísperas. Las fuerzas de sir Gawaine flaqueaban y decayeron de tal modo, que apenas podía ya mantenerse en pie, y sir Marhaus estaba cada vez más fuerte—
“Lo cual forzó su armadura, por supuesto; y, sin embargo, a ninguna de estas gentes le importaría lo más mínimo una minucia así”.
—Y así, señor caballero —dijo sir Marhaus—, bien he sentido que sois un caballero extremadamente bueno, y un hombre de fuerza maravillosa como jamás he sentido ninguno, mientras dura, y nuestras querellas no son grandes, y por tanto sería una pena haceros daño, pues siento que estáis sumamente débil. ¡Ah!, dijo sir Gawaine, noble caballero, decís la palabra que yo debería decir. Y con eso se quitaron los yelmos y se besaron el uno al otro, y allí juraron juntos el uno amar al otro como hermanos—
Pero ahí perdí el hilo y me quedé dormido, pensando en qué lástima que los hombres con semejante fuerza —una fuerza que les permitía mantenerse en pie envueltos en una armadura de hierro cruelmente pesada y empapados en sudor, y acuchillarse, golpearse y vapulearse mutuamente durante seis horas seguidas— no hubieran nacido en una época en la que pudieran darle algún uso útil. Tomemos un asno, por ejemplo: un asno tiene ese tipo de fuerza, le da un uso útil y es valioso para este mundo porque es un asno; pero un noble no es valioso por ser un asno. Es una mezcla que siempre resulta ineficaz y que nunca debió intentarse en primer lugar. Y, sin embargo, una vez que inicias un error, el daño está hecho y nunca sabes qué va a salir de ello.
Cuando volví en mí de nuevo y comencé a escuchar, percibí que había perdido otro capítulo, y que Alisande se había alejado mucho con su gente.