Este fue, en verdad, un rotundo fracaso, pues ahora este animal sería nombrado mártir y ocuparía su lugar entre los santos del calendario romano. De este modo se lamentaba, este pobre sir La Cote Male Taile, y sufría con harto dolor. Y así, mi corazón sangró por él, y me conmoví para consolarlo y sostenerlo. Por lo cual le dije:
«Absteneos de afligiros, noble caballero, pues esto no es una derrota. Vos y yo tenemos cerebro; y para los que tienen cerebro no hay derrotas, sino solo victorias. Observad cómo convertiremos este aparente desastre en un anuncio; un anuncio de nuestro jabón; y el mayor, el más atrayente que jamás se haya concebido; un anuncio que transformará esa derrota del monte Washington en una victoria del Cervino. Pondremos en vuestro tablón de anuncios: “Patrocinado por los elegidos”. ¿Qué os parece?»
“¡En verdad, está maravillosamente pensado!”
“Bueno, uno tiene que admitir que para ser un humilde anuncito de una sola línea, es estupendo”.
De modo que las penas del pobre buhonero se desvanecieron. Era un tipo valiente, y en su tiempo había realizado grandes proezas de armas. Su principal fama reposaba en los acontecimientos de una excursión como esta mía, que en otro tiempo había hecho con una doncella llamada Maledisant, tan diestra con la lengua como Sandy, aunque de un modo diferente, pues su lengua solo vomitaba injurias e insultos, mientras que la música de Sandy era de índole más bondadosa. Yo conocía bien su historia, y por eso supe interpretar la compasión que había en su rostro cuando me dijo adiós. Suponía que las estaba pasando canutas.
Sandy y yo comentamos su historia mientras íbamos cabalgando, y ella dijo que la mala suerte de La Cote había empezado con el mismo