y no puedes conseguir ninguno; y tu esposa está enferma, tus hijos lloran porque tienen hambre—”
Y así sucesivamente, y así sucesivamente. Lo acribillé representándolo, a su vez, como toda clase de gente desdichada que sufría graves privaciones y desgracias. Pero válgame Dios, eran solo palabras, palabras; no significaban absolutamente nada para él, bien habría podido ponerme a silbar. Las palabras no materializan nada, no avivan nada para uno, a menos que uno haya sufrido en carne propia aquello que las palabras intentan describir. Hay gente sabia que habla con tanta suficiencia y complacencia sobre «las clases trabajadoras», y se convence de que un día de duro trabajo intelectual es muchísimo más duro que un día de duro esfuerzo manual, y que por justicia tiene derecho a una paga mucho mayor. Vaya, de verdad se creen eso, ya sabes, porque lo saben todo sobre lo primero, pero no han probado lo segundo. Pero yo lo sé todo sobre ambas cosas; y por lo que a mí respecta, no hay dinero suficiente en el universo que me contratara para blandir un pico durante treinta días, pero haré el trabajo intelectual más duro que exista por casi nada, por poco que lo calcules; y además estaré satisfecho.
El «trabajo» intelectual está mal llamado; es un placer, una disipación y su propia recompensa suprema. El arquitecto, ingeniero, general, autor, escultor, pintor, conferenciante, abogado, legislador, actor, predicador, cantante peor pagado está constructivamente en el cielo cuando está trabajando; y en cuanto al músico con el arco del violín en la mano que se sienta en medio de una gran gran orquesta con las mareas crecientes y menguantes del sonido divino bañándolo —vaya, por supuesto que está trabajando, si se le quiere llamar así, pero, Dios, no deja de ser un sarcasmo—. La ley del trabajo parece totalmente injusta —pero ahí está, y nada puede cambiarla: cuanto mayor sea la paga en disfrute que el trabajador obtenga de él, mayor será también su paga en efectivo. Y es también la ley misma de esas estafas transparentes que son la nobleza transmisible y la realeza.